No son tus ojos de este planeta, creo más bien que son dos esquirlas arrancadas a las estrellas.
¿Y tu sonrisa? No es ni medio normal, cuando la muestras, parece que el Sol devorase de un bocado la Tierra.
¿Y qué voy a decir de tus caderas? Pues que, si pudiera, navegaría con el barco de mis dedos por ellas.
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